Sin título II

Esos ojos cafés que enigmáticamente parecían usar delineador en su párpado inferior, pero no, esa fue la decisión del universo, igual que confeccionar esa barba abultada y darte ese caminar tambaleante que me volvía loca. Como tu espalda ancha y risa peculiar. Incontables las veces que deseaba tener mis tobillos en tus hombros mientras estuvieras encima de mi cuerpo, enterrar mis uñas en tu espalda e impregnarme de tu olor, sentir tu cuerpo sudar mientras entrabas en mi.

Pero la vida no funciona así, el destino solo me concedió un momento, el besarte profundamente, antes de que tuvieras que rechazarme, aunque tu pene estaba erecto y mi ropa yacía en el suelo. No culpo al destino, no le reclamo que no era nuestro momento, de vez en cuando me regalaba el privilegio de voltearte a ver y verte sonreír porque se muy bien que en algún lugar profundo de tu mente aun pensabas en nuestro beso. Tal vez después sea nuestro tiempo.

A Ricardo y su acento regio.

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